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lunes, 11 de noviembre de 2013

LOS LUNES AL SOL DE UN OTOÑO EMBUSTERO




Vuelvo de la universidad, a una hora que depende de una decisión que tomo siempre con un café delante y medio estómago vacío. Bajo la misma calle de cada día, pero los lunes es más bonita, porque lo decido yo, porque se cuela el sol entre las ramas de los árboles que guardan las casas enfundados en su traje de noviembre caluroso.
Llego al parque, vuelvo la vista atrás para lamer el último rayo de un Lorenzo que cada día se acuesta antes en el jardín y subo por el ascensor, para qué mentir, hasta el cuarto piso, con prisa por pegarme a la ventana de mi cuarto para calentarme las manos en el cristal templado y cerrar los ojos rogando que me acaricie las pestañas un otoño embustero que no quiere verme con abrigo.
Bajo a comer, con poca hambre y mucha gula, y no lamo el plato de macarrones porque me parece que no es lo más apropiado, pero unto bien la salsa con el pan para que el plato quede limpio y así Regi no tenga que fregarlo.
Subo a la habitación, en el ascensor, para qué mentir, y me engaño a mí misma sentándome con decisión en la silla que he convertido en trono, con cara de voyaestudiarperonomelocreoniyo, así que me tumbo en la cama y en mi vida me he quedado dormida con tanta rapidez, y me despierto once horas después que en realidad han sido veinte minutos y que me han sabido a gloria, pero me quita el gusto un café mal hecho y la amargura de tener que estudiarahoradeverdaddelabuena.
Entro en conversaciones demasiado obtusas con Balzac, Zola, Emma, Isidorita y acabo dejando que Julián me hable de cosas más triviales, me invite a un cóctel que suena mejor que sabe a Agua del Carmen y se vaya tan rápido como ha llegado, como de costumbre.
Cojo el teléfono para que papá me dé algún consejo que seguramente no sabré aprovechar, pero hago ver que soy mayor y que entiendo todo. Entonces decido que mejor me voy a bailar que hay que pensar menos, pero se me ha olvidado merendar y los lunes Sarriá siempre huele a sopa. Hay luz en el ático azul de la plaza, pero dejo de soñar que vivo allí y entro en clase, muevo el culo como puedo mientras babeo por cómo lo mueven otros, salgo y bajo a cenar. Regi me quiere y me ha preparado una ensalada que sabe a algo parecido a casa.
Me ducho, salgo con el pelo mojado, me embadurno en crema y escribo esto.

Y me voy a dormir. Mañana más sol. 


lunes, 28 de octubre de 2013


        "Me despierto con unas ganas tremendas de llorar, pero como tengo mucho trabajo decido que ya lloraré más tarde."








Paula Bonet

domingo, 29 de septiembre de 2013

Jo

Queda inaugurada la temporada. La de debilitarse un poquito a propósito, la de inventar escusas, inventar culpas, y acabar culpando. La temporada de que el orgullo desequilibre la balanza que nunca ha sido balanza; me la dieron defectuosa en el mercadillo de piezas. Llegué tarde al reparto de emociones y me quedé con las más ariscas. Pero eh, que cada uno tiene sus taras, unos más acusadas que otros, pero al fin y al cabo. Las segundas partes nunca fueron buenas y yo digo que quiero conocer al sangre sucia que dijo esa frase y encima pretendió tener razón; las segundas partes son tan buenas como las primeras, me niego a que Barcelona se me resista un curso más, no le sale a cuenta a mis caderas tanta humedad. 
En mi nueva cama de matrimonio, con Otis Taylor y con Caetano Veloso - porque no hay que olvidar todo lo anterior - , con Hannah y su diario que no es un diario, con este blog que es un diario pero no es un diario. Y con una paciencia que aún no ha madurado, porque sólo hace dos semanas que duermo en otra habitación. En realidad soy como un girasol al que han trasplantado y que todavía tiene que echar raíces en suelo nuevo y encontrar el ángulo perfecto del sol. 
Dadme tiempo, por favor. 




lunes, 5 de agosto de 2013

Me da pánico volar. Creo que todo el que me conoce ha tenido que escuchar la sarta de catástrofes que se me pasan por la cabeza cada vez que tengo que coger un avión. 
Pero no sé si es sólo el hecho de montar en uno de esos cacharros tan grandes y avanzar en el aire, o ya viene de antes, desde que piso el aeropuerto. Odio los aeropuertos con toda mi alma, no porque sean la antesala de un vuelo que se me antoja siempre apocalíptico sino porque me producen una incómoda sensación de pena mezclada con la espesa turbiedad de la nostalgia y una pizca generosa de amargor. Se me rompe un poquito el alma cada vez que paso el control de seguridad y aparece, como un hormiguero gris, el pasillo eterno y las salas de embarque llenas de viajeros extraviados que seguramente tienen el mismo miedo que yo.
Los peores son los que tienen cientos de tiendas de Duty Free con arsenales de colonias y recuerdos de ciudades que ni siquiera se corresponden con la del propio aeropuerto. Se me revuelve el estómago cada vez que tengo que atravesar esos puestos tan deprimentes y tan iluminados al mismo tiempo. 
 Y cuando por fin parece que puedo tener un momento de evasión y me siento en uno de los bancos corridos, cierro los ojos para no ver y me enchufo la música, empiezan a hablar por la megafonía en un inglés castellanizado llamando al último pasajero de un vuelo que siempre va a Copenhague o a Estambul. Entonces lo único que me apetece es levantarme y dejarme la voz gritando que Pascual Antón no va a aparecer porque le da miedo volar, pero todavía le dan más miedo los aeropuertos. 
A la melancolía hay que ayudarla, por eso he decidido esperar a que den las dos en el aeropuerto de Barcelona en lugar de en el centro de la ciudad. Y por eso he puesto a Norah Jones mientras escribo esto y veo despegar varios aviones. Quizás estoy alimentando una nostalgia infundada, pero igual compensa sentarse en un banco a mirar pasar a los viajeros con la sonrisa perenne y la impaciencia de quien sabe que en pocas horas pisará un suelo distinto. 
Yo me voy a pisar el mío. Me voy a casa. 

Miércoles, 31 de julio de 2013

Correo Viejo

He venido en tren, aliviada por no tener que aguantar el calor sofocante de las cuatro horas de autobús, y me ha recibido la despampanante Lena con la mejor de sus sonrisas y una compañera de piso también alemana pero con el mismo aspecto de gitana que yo y uno de los nombres más bonitos de la tradición griega: Sofía. Las tres formábamos un grupo peculiar que inclinaba la balanza hacia los colores oscuros, pero la angelical Lena se ha quedado con todas las miradas de la calle. 
Yo les he contado mil y una banalidades del verano en Zaragoza, y ellas las han escuchado con interés sincero. 
Después de comer un bocadillo y mancharme con un helado de regaliz, he decidido que dejaba a Lena y Sofía a su aire mediterráneo en el mar urbano que tanto las atrae; he preferido no acompañarlas en la tarea de derretirse pacientemente al sol en la arena de la Barceloneta. De vuelta por el gótico, pensando si volvía a al desenfreno de la estación o me quedaba vagabundeando por el centro de la ciudad, que a esa hora de la tarde perezosa no duerme la siesta por culpa del calor y los turistas, he optado por tratar de encontrar aquella plaza diminuta tan acogedora. Y la he encontrado, vaya que sí, aletargada por el sol que aún rasca la azotea de las casas que la delimitan tatuadas con graffitis variopintos y cubierta por una alfombra de polen verde. Aletargada pero invadida por la guitarra flamenca y la voz cascada de unos muchachos entrados ya en carnes que animaban el cotarro cantándole a una "mujer de pelo largo y negro y a su fuente de agua clara". Sin camiseta, y sin apenas dientes, consecuencia de las drogas me atrevo a decir, no hacían sino repetir lo felices que estaban después de cada canción. No puedo negarme a dejarles unas monedas encima de la guitarra remendada y tampoco puedo evitar sonreír a la fauna que devora Barcelona con una sonrisa desdentada y más gracia que un salero. 

Jueves, 25 de julio de 2013

sábado, 11 de mayo de 2013

Trayectoria circular

No me concentro porque es sábado y hace sol y hoy he leído que todo en el mundo tiene una trayectoria circular, que todo vuelve aunque haya cogido un tren dirección al fin del mundo. Que el miedo se pasa pero no para siempre, que la palabra infinito tiene límites circulares y es una mentira universal, igual que la palabra universo. Si Barcelona no fuera tan hostil cogería la bicicleta y me iría a comprar todos los libros que hablan de amor, pero de ese amor que vuelve siempre para matar a todos con la ironía del sinsentido.
Hoy me han dicho que el polen cuando se moja parece pintura y que con el pigmento de los árboles nos haremos una cabaña en el ciprés de un cementerio de muertos por amor. Pero no estamos aquí para hablar de algo que no conocemos.
Escribimos para sentir que hacemos algo (in)útil, para tener la ilusión de que vaciamos el infinito que da vueltas en nuestra cabeza y que encuentra  una calle sin salida en cada esquina que dobla.
Hoy me han dicho que cualquier ortografía pasada fue mujer mejor, pero yo no me lo creo, amor debería escribirse con h- porque entra sin hacer ruido y sale de un portazo haciendo eco en cada ventana. Pero no estamos aquí para hablar de algo que no conocemos.
Leemos porque tenemos la sensación de que de esa forma no nos faltan amigos, pero olvidamos que en cada libro hay varios enemigos.
Hoy he leído que el tiempo lo cura todo pero también he leído que todo vuelve y que el tango no se baila sólo una vez.
Me gustaría que en mi cama cupiera una maleta para viajar con todos los libros del mundo, pero pensándolo bien no los necesito porque las historias se escriben solas en cada costura de nuestro cuerpo.
Hoy me ha entrado hambre de letras pero he pensado que ya se calmará y que, de todas formas, la mejor manera de leer es releyendo. Releyendo y uniendo las pecas de Venus en una constelación infinita que en realidad no lo es tanto puesto que lleva el nombre de una sola estrella.
Hoy he oído que la gula es un pecado capital y la mejor absolución, leer hasta el infinito. 


martes, 12 de marzo de 2013

Jo.



Me canso de descifrar la ironía de Larra y la aspiración del andaluz porque de todas formas hoy no estoy para pensar en las reglas del teatro o en el ceceo del sur. Tengo la cabeza apoyada al sol en un balcón de una calle estrecha en una casa pequeña pero acogedora en la que vivo con Nuria, aunque ella aún no lo sepa.
Me levanto de la silla y me adormilo entre las flores, y aparezco flotando como Ofelia en un charco de agua clara. Me tumbo pensando en las nubes que cubrirán el reflejo del cerezo en las pupilas de aquel día. Pienso que otras alas batirán, que los besos tendrán que ser de esquimal porque el frío helará los brotes de una primavera que no estaba a la vuelta de la esquina.
Que otra se ponga un vestido blanco por mí; esta vez quiero viajar desnuda  para que con suerte el firmamento haga de mis lunares una constelación sin nombre.


Yo sólo vivir con Nuria en un piso de la Barcelona que aprendemos a inventar a fuerza de saltar  y saltar. 


martes, 5 de marzo de 2013

Si supiera dibujar haría un dibujo de este fin de semana. Dibujaría las manos de Celia y el ombligo de Pere. También pintaría un atardecer y una tarta de manzana. Pero no se me da bien, así que intento poner en palabras los nervios de camino a la estación, las náuseas al comer pasta precocinada, el esfuerzo de ahogar un jadeo, la satisfacción de pasear bajo el sol de Barcelona, la tremenda felicidad de comer un helado de regaliz, los escalofríos de estar arropada en el balcón de Vinçon, el frío esperando al bus en lo alto de Montjuic, la pereza de volver caminando desde María Cristina de madrugada, el sueño de las mañanas, el buen rollo de los domingos en el Parc Güell, el sabor de la lasaña compartida, la sensación de vértigo a todas horas, el medio que te tengo. Y lo bien que me lo he pasado este fin de semana. 




Me he comprado unas acuarelas y un pincel. Prometo aprender a dibujar. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Más donde agarrar.

     Estoy merendando un café de chocolate blanco coronado con diez kilos de nata y una magdalena gigante de vainilla con pepitas de chocolate porque ME GUSTA TENER CURVAS.
Hoy sí, hoy me gusta mi culo de pito, mi talla 95 de pecho y mis enormes caderas. 
     Tengo la regla y me merezco un homenaje por ser mujer. 
      Alabo a los productores de la serie Girls por cederle el protagonismo a Hannah, la chica rellenita que no es una belleza pero es guapa a su manera, y se desnuda antes las cámaras como quien se quita un zapato. Por fin un cuerpo imperfecto en una serie de sexo sin tapujos. Por fin una Hannah Horvath que no es una Carrie Bradshow esquelética y chupada. 
Qué bien sienta que sea Hannah Banana, la escritora en proceso de cocción, la que les lleve la delantera en todo a las otras tres preciosidades de la serie. 
¡Y qué buena está la magdalena!
     Bienvenidas sean todas las curvas. Como dice Pere "más donde agarrar". 

domingo, 17 de febrero de 2013

Nunca he sabido montar en bici.


Hay historias que sólo se pueden escribir en el ordenador porque desde la cama y la ventana se ve Barcelona y los bolígrafos quedan muy lejos en la mesa. La habitación es diminuta pero no quiero levantarme y arriesgarme a perderme el vuelo de un pájaro sobre los tejados rojos de la ciudad condal. Además, los altavoces están conectados y la guitarra española me está tocando una sardana que dice notemuevas,quédate. El día ha amanecido gris, pero las chimeneas siguen lanzando destellos a las nubes en ese tonteo que se traen de cielo a suelo. Hace días que desaprendí a escribir,  y esta no va a ser la tarde en que lo recupere. Esto no es como fumar, que nunca se olvida. Al fin y al cabo nunca supe montar en bici. Pero de momento lo retomo, recorto letras en los periódicos y las pego como puedo a cualquier papel. Aquí las coso a la pantalla blanca del ordenador y pienso que ya volverán las letras a las palmas de mis manos, a brotar de las líneas cuyo significado nunca quise saber por miedo a que contaran algo malo.

Ayer me compré una foto en formato Polaroid. He desaprendido a escribir, pero no a mirar. 


martes, 29 de enero de 2013

Instrucciones para fumar.


Fúmame. No necesitas que te lo explique porque llevas meses liándome a caladas. Pero, Cortázar me enseñó a explicarlo todo y aquí tienes las instrucciones para fumar:
 Fúmame. Agarra el papel de liar y envuelve cada una de mis costillas mientras das con la otra mano forma al tabaco de mis caderas. Trenza los hilos oscuros de mis pecas y  une mis lunares. No quiero ser tu constelación.
Yo sólo quiero que me fumes. Que aspires el aliento de mi boca y eches el humo apuntando entre mis piernas. Refúgiate en mis pulmones, si quieres, pero ponte botas de agua porque soy como la pez. Encharcada hasta la campanilla de mi falsa nicotina.
Pásale la lengua al pegamento que vela mis pestañas para sellarlas y dejarme ver. Chupa el rabillo de estos ojos negros de carbón. Confieso que le vendí el alma al diablo a cambio de un cartón.
Juega con el alma del veneno que perfila tus orejas en el eco de un beso sordo. Y escúchame.
Que calcinas mi cintura con el alquitrán de tus falanges y erizas la planta de mis pies con los dedos que sostienen el cigarro. Ese cigarro que soy yo.
Aprende a calzarme los zapatos y a desmentir los cordones; yo voy remendando mis costuras a la luz de la farola. Apaga el radiador, que nos sobra mechero y me tragaré toda tu ceniza.







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Y voy a arrancarme los ojos, dártelos 
que veas como yo veo
Oscuro cuando te vas 
y negro cuando te tengo 





jueves, 17 de enero de 2013

"Me despierto con unas ganas tremendas de llorar, pero como tengo mucho trabajo decido que ya lloraré más tarde."




Y así, todos los días de esta semana. Y de la siguiente. Hasta que vuelva a casa. 

Me asustan muchísimo las personas que no parecen estrechar vínculos conmigo. No sé si es producto de mi cabeza loca o es que realmente la gente ha dejado de apegarse a las cosas.
Yo la primera, lo sé. Pero me da más  garrampa notarlo en los demás porque en mí misma no lo siento tanto.
Me da miedo no llegar jamás a dejar huella en la vida de las personas que me cruce en el camino, y quizás por eso me ofende cada día más ver que escribo con un boli de tinta seca en vuestra piel. Lo que no voy a hacer es clavaros la punta. Eso no.

“No sé si el mundo está al revés o soy la que está cabeza abajo.”

viernes, 11 de enero de 2013

LA HUMILDAD ES UNA VIRTUD QUE YA NO SE ESTÁ DE MODA


No entiendo ese afán por echarse flores a uno mismo. De verdad que no lo entiendo. Hace una semana en la clase de castellano oral la profesora me dijo que la humildad es una retórica. Y yo digo que es una virtud que ya no está de moda.
Que manía tiene todo el mundo con venderse a sí mismo como si alguien fuera a comprarlo. No somos aparatos eletrónicos con mil prestaciones que haya que enumerar. La vida no es un escaparate de personas que lleven una etiqueta en el tobillo en la que aparecen todas nuestras “ventajas”.
Qué vicio tienen muchos por utilizar frases que siempre comienzan por “yo”:
           -  Yo sé cocinar.
           -   A mí es que me encanta pintar.
           -    Yo hago fotos con mi réflex  (en modo automático, por supuesto)
           - Yo es que combino treinta carreras universitarias con el conservatorio de piano, la escuela de idiomas y el equipo de atletismo.

¿Y quién estudia en  la escuela de la vida? Al fin y al cabo es la única que sirve y que acepta a todos sin prejuicios.  A todos menos a los que no conocen la humildad, ésos necesitan años de otro tipo de escuela. Y una abuela que les diga lo guapos y listos que son para que ellos tengan menos tarea resaltando cada una de sus cualidades. 

Aprended a vivir con lo que lleváis puesto y no carguéis con virtudes que no os pertenecen, que las flores que os echáis se acaban marchitando y os quedaréis con el tallo y las espinas nada más. 


Hoy ni soy humilde ni estoy de buen humor, ya me perdonaréis. 

sábado, 8 de diciembre de 2012


Lo primero, o lo útlimo según se mire, son las lágrimas de algunos y los te echaremos de menos, no te olvidaremos, seguiremos siendo amigos, iremos a verte…   Y luego viene cuando no cuentan contigo para los planes de Nochevieja, o cuando deciden irse fuera de la ciudad justo el fin de semana que tú vas a casa.
Pero no duermo peor por estas tonterías. Me basta con que Celia siempre me esté esperando en la esquina de mi calle y Mancholas me de un abrazo sincero y me llame fea.  Lo que de verdad me preocupa es verme dudar si el cajón de las bragas es el de arriba a la izquierda o el de abajo. O cuando no me acuerdo de dónde guarda mi madre las medicinas. O de cómo se graba una película en la televisión del salón donde he pasado tantas horas. Y aún me preocupo más cuando veo que el calendario de Maitena y el de arte urbano se han quedado en la página del 17 de agosto; y pienso que por aquel entonces todavía vivía aquí y era verano y llevaba vestidos blancos y comía helados de regaliz.
Me he asustado este fin de semana porque no sé qué calle es peatonal ni por qué lado pasa el tranvía. Porque me siento como una extranjera en mi propia ciudad.
Lo que os decía, dilemas del primer mundo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

NADAL









Supongo que es porque en la universidad no está puesta la calefacción, y porque esta mañana Nuria me ha despertado levantando la persiana antes de tiempo. Y porque ayer hablé con Celia, y antes de ayer con Leo.
Supongo que es por todo esto y porque los zapatos nuevos me hacen daño. Se me está alargando la semana que acaba de empezar, y no veo el momento de salir por la puerta de la residencia hacia la estación de buses para ir a casa. A CASA.
Supongo que es porque estas son mis primeras Navidades fuera de casa y se nota, aunque hayamos hecho lo posible por decorar la habitación e intentar hacer acogedor el espacio de 15 metros cuadrados que tenemos por dormitorio/baño. Es cierto que no ha quedado nada mal con las lucecitas blancas y los arbolitos de cartulina verde. Además me he traído el edredón de diciembre. Y duermo con la sudadera de siempre.
Pero sigue sin ser lo mismo, porque no puedo salir enganchada al brazo de mi madre para ir a ver las luces del El Corte Inglés ni las de Independencia. Ni tampoco puedo repetirle mil veces a mi padre que ya es Navidad para que me responda siempre que es sólo un invento de los grandes centros comerciales, y una llamada al consumismo y blablablabla.
Me consuela tener el calendario de adviento al lado de la ventana. Y me consuela llevar gorros de lana y saber que mamá nos regalará el pijama calentito del Primark como cada año a mi hermana y a mí, aunque ninguna de las dos empecemos la Navidad en casa.
Resumiendo, ¡feliz Navidad a todos!, especialmente a los que no tiene espíritu navideño.




domingo, 2 de diciembre de 2012

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