Si supiera dibujar haría un dibujo de este fin de semana. Dibujaría las manos de Celia y el ombligo de Pere. También pintaría un atardecer y una tarta de manzana. Pero no se me da bien, así que intento poner en palabras los nervios de camino a la estación, las náuseas al comer pasta precocinada, el esfuerzo de ahogar un jadeo, la satisfacción de pasear bajo el sol de Barcelona, la tremenda felicidad de comer un helado de regaliz, los escalofríos de estar arropada en el balcón de Vinçon, el frío esperando al bus en lo alto de Montjuic, la pereza de volver caminando desde María Cristina de madrugada, el sueño de las mañanas, el buen rollo de los domingos en el Parc Güell, el sabor de la lasaña compartida, la sensación de vértigo a todas horas, el medio que te tengo. Y lo bien que me lo he pasado este fin de semana.
Me he comprado unas acuarelas y un pincel. Prometo aprender a dibujar.

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