No entiendo ese afán por echarse
flores a uno mismo. De verdad que no lo entiendo. Hace una semana en la clase
de castellano oral la profesora me dijo que la humildad es una retórica. Y yo digo
que es una virtud que ya no está de moda.
Que manía tiene todo el mundo con
venderse a sí mismo como si alguien fuera a comprarlo. No somos aparatos
eletrónicos con mil prestaciones que haya que enumerar. La vida no es un
escaparate de personas que lleven una etiqueta en el tobillo en la que aparecen
todas nuestras “ventajas”.
Qué vicio tienen muchos por
utilizar frases que siempre comienzan por “yo”:
- Yo sé cocinar.
- A mí es que me encanta pintar.
- Yo hago fotos con mi réflex (en modo automático, por supuesto)
- Yo es que combino treinta carreras
universitarias con el conservatorio de piano, la escuela de idiomas y el equipo
de atletismo.
¿Y quién estudia en la escuela de la vida? Al fin y al cabo es la
única que sirve y que acepta a todos sin prejuicios. A todos menos a los que no conocen la
humildad, ésos necesitan años de otro tipo de escuela. Y una abuela que les
diga lo guapos y listos que son para que ellos tengan menos tarea resaltando
cada una de sus cualidades.
Hoy ni soy humilde ni estoy de buen humor, ya me perdonaréis.
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