martes, 12 de marzo de 2013

Jo.



Me canso de descifrar la ironía de Larra y la aspiración del andaluz porque de todas formas hoy no estoy para pensar en las reglas del teatro o en el ceceo del sur. Tengo la cabeza apoyada al sol en un balcón de una calle estrecha en una casa pequeña pero acogedora en la que vivo con Nuria, aunque ella aún no lo sepa.
Me levanto de la silla y me adormilo entre las flores, y aparezco flotando como Ofelia en un charco de agua clara. Me tumbo pensando en las nubes que cubrirán el reflejo del cerezo en las pupilas de aquel día. Pienso que otras alas batirán, que los besos tendrán que ser de esquimal porque el frío helará los brotes de una primavera que no estaba a la vuelta de la esquina.
Que otra se ponga un vestido blanco por mí; esta vez quiero viajar desnuda  para que con suerte el firmamento haga de mis lunares una constelación sin nombre.


Yo sólo vivir con Nuria en un piso de la Barcelona que aprendemos a inventar a fuerza de saltar  y saltar. 


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