Hay
historias que sólo se pueden escribir en el ordenador porque desde la cama y la
ventana se ve Barcelona y los bolígrafos
quedan muy lejos en la mesa. La habitación es diminuta pero no quiero levantarme
y arriesgarme a perderme el vuelo de un pájaro sobre los tejados rojos de la
ciudad condal. Además, los altavoces están conectados y la guitarra española me
está tocando una sardana que dice notemuevas,quédate. El día ha amanecido gris,
pero las chimeneas siguen lanzando destellos a las nubes en ese tonteo que se traen de cielo a suelo. Hace días que desaprendí a escribir, y esta no va a ser la tarde en que lo
recupere. Esto no es como fumar, que nunca se olvida. Al fin y al cabo nunca
supe montar en bici. Pero de momento lo retomo, recorto letras en los
periódicos y las pego como puedo a cualquier papel. Aquí las coso a la pantalla
blanca del ordenador y pienso que ya volverán las letras a las palmas de mis
manos, a brotar de las líneas cuyo significado nunca quise saber por miedo a que
contaran algo malo.
Ayer
me compré una foto en formato Polaroid. He desaprendido a escribir, pero no a
mirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Paseos compartidos.