domingo, 17 de febrero de 2013

Nunca he sabido montar en bici.


Hay historias que sólo se pueden escribir en el ordenador porque desde la cama y la ventana se ve Barcelona y los bolígrafos quedan muy lejos en la mesa. La habitación es diminuta pero no quiero levantarme y arriesgarme a perderme el vuelo de un pájaro sobre los tejados rojos de la ciudad condal. Además, los altavoces están conectados y la guitarra española me está tocando una sardana que dice notemuevas,quédate. El día ha amanecido gris, pero las chimeneas siguen lanzando destellos a las nubes en ese tonteo que se traen de cielo a suelo. Hace días que desaprendí a escribir,  y esta no va a ser la tarde en que lo recupere. Esto no es como fumar, que nunca se olvida. Al fin y al cabo nunca supe montar en bici. Pero de momento lo retomo, recorto letras en los periódicos y las pego como puedo a cualquier papel. Aquí las coso a la pantalla blanca del ordenador y pienso que ya volverán las letras a las palmas de mis manos, a brotar de las líneas cuyo significado nunca quise saber por miedo a que contaran algo malo.

Ayer me compré una foto en formato Polaroid. He desaprendido a escribir, pero no a mirar. 


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