Supongo que es porque en la
universidad no está puesta la calefacción, y porque esta mañana Nuria me ha
despertado levantando la persiana antes de tiempo. Y porque ayer hablé con
Celia, y antes de ayer con Leo.
Supongo que es por todo esto y
porque los zapatos nuevos me hacen daño. Se me está alargando la semana que
acaba de empezar, y no veo el momento de salir por la puerta de la residencia
hacia la estación de buses para ir a casa. A CASA.
Supongo que es porque estas son
mis primeras Navidades fuera de casa
y se nota, aunque hayamos hecho lo posible por decorar la habitación e intentar
hacer acogedor el espacio de 15 metros cuadrados que tenemos por
dormitorio/baño. Es cierto que no ha quedado nada mal con las lucecitas blancas
y los arbolitos de cartulina verde. Además me he traído el edredón de
diciembre. Y duermo con la sudadera de siempre.
Pero sigue sin ser lo mismo,
porque no puedo salir enganchada al brazo de mi madre para ir a ver las luces
del El Corte Inglés ni las de Independencia. Ni tampoco puedo repetirle mil
veces a mi padre que ya es Navidad para que me responda siempre que es sólo un
invento de los grandes centros comerciales, y una llamada al consumismo y blablablabla.
Me consuela tener el calendario
de adviento al lado de la ventana. Y me consuela llevar gorros de lana y saber
que mamá nos regalará el pijama calentito del Primark como cada año a mi
hermana y a mí, aunque ninguna de las dos empecemos la Navidad en casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Paseos compartidos.