No hay nada tan triste como una trompeta de jazz intentando hacerse hueco entre las guitarras, los pianos o el mismo silencio. Odio el jazz de trompetas, me pone amarga y me recuerda a noséqué, a algo de cuando era pequeña y mi madre estaba cerca. Puede que estuviéramos viendo una película que tenía por extra una trompeta desgarradora que sólo yo debí de escuchar. O puede que las trompetas tristes sólo suenen en mi cabeza.
(No es jazz, pero hay una trompeta y el título es 'Monstruos')
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