Cortáis como las hachas y doléis como echar sal en las heridas, o heridas en la sal. Aunque cada día tengo más claro que la que corta y duele soy yo misma, y mis traiciones descuidadas. Me acuerdo de aquella entrada que escribí un domingo de resaca después de un sábado que me desvió y me da rabia porque sí, porque era sincera y lo sigo siendo, pero las ciudades grandes y las vidas nuevas me desbocan. Necesito un lobo, o un león que calme a la pantera. Necesito muchos pijamas, muchas mantas y muchos libros para volver a naufragar en el edredón. Pero quiero compañía, porque naufragar solo es tan triste como las mujeres de ojos negros. Como yo, que cada día los tengo más oscuros y más profundos, pero más vacíos también. Quiero que alguien me los vuelva a llenar de pentagramas, de tinta en papeles amarillos, de pestañas espesas, de agua salada.
Quiero. Quiero. Quiero. Quiero. Quiero y no puedo.
Como siempre.
Para los cuatro gatos que vagabundeen por este blog de vagabunda, esta es la entrada a la que me refiero. Y la que se me ha metido entre el pecho y la columna para no dejarme descansar este fin de semana de manta, lápiz y música de lluvia.
http://elfelinoentreelcenteno.blogspot.com.es/2012/01/my-name-is-treason.html
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