Les larmes de ma mère
Me gustaban los trenes hasta que hace dos horas escasas me he subido a este llorando porque sólo tengo un billete de ida a una vida nueva que me asusta. Y porque he visto las lágrimas de mi madre.
-Yo estaré bien si tú estás bien.
Ya no volverán a ser lo mismo las ventanas de los AVEs ni los acordes de Dallas Green porque no me llevan a casa, me alejan de ella esta mañana.
Qué dramática me pongo cuando quiero y qué poco me gusta. Todo ahora mismo me parece peor de lo que me lo parecería en otras circunstancias: el aire a condicionado está a -30 grados, la rozadura que llevo en el talón izquierdo me escuece como si me hubieran echado sal, el asiento es muy incómodo. Barcelona está lejíiiisimos, y tres semanas para volver a casa son una eternidad... y esas cosas.
Cualquiera diría que me mandan al convento o a la guerra. Sé que no es justo que me queje de lo que me espera, pero no me quejo por eso. Me quejo de tener que despedirme de mi madre y de mis mejores amigos.
Por grande que sea Barcelona, madre sólo hay una. Y tampoco hay otra Celia, otra Nerea, otra Elena y otro Mancholas.
La próxima vez viajaré en autobús.
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