Lo raro de llegar a Zaragoza y ver todo raro. Y de sentirse
rara. Y de que la nevera esté vacía. Y Celia de exámenes. Y Pablo agobiado. Y
mis padres en Francia. Mi hermana en Bruselas. Y yo aquí, sola, con mi oso de
peluche de toda la vida en el cuarto de paredes blancas con el cohete de Tintín.
Lo raro de no escuchar ni un ruido y no necesitar tapones para dormir.
Lo raro de volver a echar de menos.
Lo raro de estar a gusto en Barcelona, por fin.
Lo raro de no querer salir de la cama en diez días.
Lo raro. Lo de siempre.
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