martes, 5 de marzo de 2013

Si supiera dibujar haría un dibujo de este fin de semana. Dibujaría las manos de Celia y el ombligo de Pere. También pintaría un atardecer y una tarta de manzana. Pero no se me da bien, así que intento poner en palabras los nervios de camino a la estación, las náuseas al comer pasta precocinada, el esfuerzo de ahogar un jadeo, la satisfacción de pasear bajo el sol de Barcelona, la tremenda felicidad de comer un helado de regaliz, los escalofríos de estar arropada en el balcón de Vinçon, el frío esperando al bus en lo alto de Montjuic, la pereza de volver caminando desde María Cristina de madrugada, el sueño de las mañanas, el buen rollo de los domingos en el Parc Güell, el sabor de la lasaña compartida, la sensación de vértigo a todas horas, el medio que te tengo. Y lo bien que me lo he pasado este fin de semana. 




Me he comprado unas acuarelas y un pincel. Prometo aprender a dibujar. 

miércoles, 20 de febrero de 2013

Más donde agarrar.

     Estoy merendando un café de chocolate blanco coronado con diez kilos de nata y una magdalena gigante de vainilla con pepitas de chocolate porque ME GUSTA TENER CURVAS.
Hoy sí, hoy me gusta mi culo de pito, mi talla 95 de pecho y mis enormes caderas. 
     Tengo la regla y me merezco un homenaje por ser mujer. 
      Alabo a los productores de la serie Girls por cederle el protagonismo a Hannah, la chica rellenita que no es una belleza pero es guapa a su manera, y se desnuda antes las cámaras como quien se quita un zapato. Por fin un cuerpo imperfecto en una serie de sexo sin tapujos. Por fin una Hannah Horvath que no es una Carrie Bradshow esquelética y chupada. 
Qué bien sienta que sea Hannah Banana, la escritora en proceso de cocción, la que les lleve la delantera en todo a las otras tres preciosidades de la serie. 
¡Y qué buena está la magdalena!
     Bienvenidas sean todas las curvas. Como dice Pere "más donde agarrar". 

domingo, 17 de febrero de 2013

Nunca he sabido montar en bici.


Hay historias que sólo se pueden escribir en el ordenador porque desde la cama y la ventana se ve Barcelona y los bolígrafos quedan muy lejos en la mesa. La habitación es diminuta pero no quiero levantarme y arriesgarme a perderme el vuelo de un pájaro sobre los tejados rojos de la ciudad condal. Además, los altavoces están conectados y la guitarra española me está tocando una sardana que dice notemuevas,quédate. El día ha amanecido gris, pero las chimeneas siguen lanzando destellos a las nubes en ese tonteo que se traen de cielo a suelo. Hace días que desaprendí a escribir,  y esta no va a ser la tarde en que lo recupere. Esto no es como fumar, que nunca se olvida. Al fin y al cabo nunca supe montar en bici. Pero de momento lo retomo, recorto letras en los periódicos y las pego como puedo a cualquier papel. Aquí las coso a la pantalla blanca del ordenador y pienso que ya volverán las letras a las palmas de mis manos, a brotar de las líneas cuyo significado nunca quise saber por miedo a que contaran algo malo.

Ayer me compré una foto en formato Polaroid. He desaprendido a escribir, pero no a mirar. 


jueves, 31 de enero de 2013



Lo raro de llegar a Zaragoza y ver todo raro. Y de sentirse rara. Y de que la nevera esté vacía. Y Celia de exámenes. Y Pablo agobiado. Y mis padres en Francia. Mi hermana en Bruselas. Y yo aquí, sola, con mi oso de peluche de toda la vida en el cuarto de paredes blancas con el cohete de Tintín. Lo raro de no escuchar ni un ruido y no necesitar tapones para dormir.
Lo raro de volver a echar de menos.
Lo raro de estar a gusto en Barcelona, por fin.
Lo raro de no querer salir de la cama en diez días.
Lo raro. Lo de siempre. 

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