Hoy no hay una sola nube. Hay una capa de plomo gris que pesa. Que pesa y que ciega.
Hoy duele.
lunes, 17 de septiembre de 2012
domingo, 16 de septiembre de 2012
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Wilco en la cama de un séptimo piso en uno de los lugares más fantásticos (y pijos) de Barcelona es la anestesia más eficaz que he encontrado hasta ahora. Veo las nubes desde aquí, moviéndose apenas unos milímetros, como si no quisieran despegarse de mi ventana por no dejarme demasiado sola en la habitación. Me gusta. Me gusta mucho que se queden aquí a hacer que todo sea más blando y a amortiguar las caídas.
También me gustan las fotos.
Y que el videoclip de esta canción sean nubes pasando. Y que dure más de 11 minutos.
También me gustan las fotos.
Y que el videoclip de esta canción sean nubes pasando. Y que dure más de 11 minutos.
Desapegos
Supongo que esto funciona así. Y siempre ha sido así realmente, no sé por qué me extraña a estas alturas que me miren por encima de la tira del sujetador. Tampoco voy a empezar tan pronto con los sudores fríos y las náuseas entre el ombligo y la pared. Pero confieso que desde el segundo uno estoy en ese estado tan propio de mí. Que todo lo distorsiono. Que todo lo exagero. Que todo duele más de lo que en realidad duele. Que he entendido por fin que con mis gafas el mundo se ve muy distinto y por eso ando siempre del revés y con los pies hacia dentro.
A ratos, a veces cortos y otras muchas largos, pienso que esta cama no va a ser nunca mía y que por muchos cojines que ponga no estaremos cómodas aquí. Se me ha pegado a la espina una sensación de provisionalidad con estas paredes, como si dentro de unos días o quizás un par de semanas a lo sumo alguien fuera a venir a por mí para devolverme a donde pertenezco.
A ratos, a veces cortos y otras muchas largos, pienso que esta cama no va a ser nunca mía y que por muchos cojines que ponga no estaremos cómodas aquí. Se me ha pegado a la espina una sensación de provisionalidad con estas paredes, como si dentro de unos días o quizás un par de semanas a lo sumo alguien fuera a venir a por mí para devolverme a donde pertenezco.
miércoles, 12 de septiembre de 2012
Antigüedades del verano que hemos dejado atrás
Il faut comprendre la paradoxe mathématique de la nostalgie: elle est le plus puissante dans la première jeunesse, quand le volume de la vie passée est tout à fait insignifiant.
Son las 2 h 45 de la madrugada y estoy despierta porque no puedo dormir por culpa del catarro que he pillado. Creo que soy el único ser humano que coge un trancazo en pleno agosto. Y lo peor es que me pasa todos los años. Empiezo con el picor de garganta por las orejas, o de orejas por la garganta, nunca lo he distinguido. Luego ya viene la fábrica de mocos que me tapa la nariz durante tres o cuatro noches.
Y por eso estoy aquí, un viernes 4 de agosto de 2012 en la habitación más alejada de la casa que mis padres han intercambiado en Vannes.
Lo bueno es que en esta maravillosa vivienda abuhardillada hay unos cuantos libros y he encontrado La ignorancia, de Milan Kundera en francés, la lengua original. Llevo ya 60 páginas y me tiene absorta desde las dos primeras. La obra se inicia con una reflexión etimológica, algo muy común en los libros de Kundera, sobre la palabra 'nostalgia'. Resulta que procede del griego 'nostos' (regreso) y 'algos' (dolor). Es decir, el dolor por el regreso.
Me ha encantado leer esto porque nunca antes me había planteado de dónde venía esta palabra que yo tan a menudo empleo. Me ha encantado pero también me ha sorprendido porque a mayoría de las veces que utilizo la palabra 'nostalgia' es para hablar de cosas que echo en falta sin que me hayan ocurrido jamás. Con lo cual deja de ser el dolor por el regreso, o bien significa que todavía tengo que hallar ese lugar al que regresar.
Kundera no se olvida de la gente como yo, de los que sentimos nostalgia por lo que nunca ha sucedido, y por eso incluye un apartado sobre la 'nostalgia' en la cultura alemana:
" Los alemanes emplean rara vez la palabra 'nostalgia' en su forma griega y prefieren decir 'Sehnsucht', deseo de lo que está ausente pudiendo abarcar tanto lo que ha existido en un pasado como lo que no, sin implicar un 'nostos'."
P.D.: la palabra 'añorar' procede del latín 'ignorar' (enyorar)
martes, 11 de septiembre de 2012
Into the Wild Barcelona. CAPÍTULO 1
Les larmes de ma mère
Me gustaban los trenes hasta que hace dos horas escasas me he subido a este llorando porque sólo tengo un billete de ida a una vida nueva que me asusta. Y porque he visto las lágrimas de mi madre.
-Yo estaré bien si tú estás bien.
Ya no volverán a ser lo mismo las ventanas de los AVEs ni los acordes de Dallas Green porque no me llevan a casa, me alejan de ella esta mañana.
Qué dramática me pongo cuando quiero y qué poco me gusta. Todo ahora mismo me parece peor de lo que me lo parecería en otras circunstancias: el aire a condicionado está a -30 grados, la rozadura que llevo en el talón izquierdo me escuece como si me hubieran echado sal, el asiento es muy incómodo. Barcelona está lejíiiisimos, y tres semanas para volver a casa son una eternidad... y esas cosas.
Cualquiera diría que me mandan al convento o a la guerra. Sé que no es justo que me queje de lo que me espera, pero no me quejo por eso. Me quejo de tener que despedirme de mi madre y de mis mejores amigos.
Por grande que sea Barcelona, madre sólo hay una. Y tampoco hay otra Celia, otra Nerea, otra Elena y otro Mancholas.
La próxima vez viajaré en autobús.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Se me arruga el estómago
No more tears, my heart is dry
I don't laugh and I don't cry
I don't think about you all the time
But when I do I wonder why
One day, baby, we'll be old
Oh, baby, we'll be old
And think of all the stories that we could have told
I don't laugh and I don't cry
I don't think about you all the time
But when I do I wonder why
One day, baby, we'll be old
Oh, baby, we'll be old
And think of all the stories that we could have told
jueves, 6 de septiembre de 2012
Ahiouqwoeurw7c3oycrwirbq
Son pocas las veces que escribo una entrada sin haber emborronado antes uno de mis millones de cuadernos. Pero hay noches que es mejor improvisar sobre lienzo que tirar varios bocetos a la papelera.
Estoy tan nerviosa y tan asustada a la vez por irme a Barcelona que todas las cosas que debo preparar para 'la gran travesía' siguen pendientes. Me quedan viernes, sábado, domingo y lunes en Zaragoza y se me está haciendo eterno. Tengo la cama de mi hermana llena de toda la ropa que he sacado del armario sin saber muy bien por qué, porque no necesito todo, que no me voy a Alaska. Estoy a hora y media en AVE y en mi familia nos lo estamos tomando como si fuera a vivir en otra galaxia. Y allí es precisamente donde me encuentro estos días, en la galaxia de las mariposas en el estómago (pero mariposas mutantes, de verdad de la buena), de los ojos vidriosos cada vez que Monchis o Nerea me escriben un guasap diciendo que deje de hacer maletas y me quede aquí, o cuando Elisa me dice que me va a atar a un árbol. Es curioso cómo crece el vínculo entre las personas cuando saben que les queda poco tiempo juntas. No sé si para bien o para mal porque después te entran las dudas de si deberías irte o no. En fin, supongo que a todos los que dejan el nido les pasa y que me tocará estar rara este primer mes. Sigo pensando que he puesto las expectativas por las nubes, pero no puedo evitarlo. Es Barcelona.
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