sábado, 8 de diciembre de 2012


Lo primero, o lo útlimo según se mire, son las lágrimas de algunos y los te echaremos de menos, no te olvidaremos, seguiremos siendo amigos, iremos a verte…   Y luego viene cuando no cuentan contigo para los planes de Nochevieja, o cuando deciden irse fuera de la ciudad justo el fin de semana que tú vas a casa.
Pero no duermo peor por estas tonterías. Me basta con que Celia siempre me esté esperando en la esquina de mi calle y Mancholas me de un abrazo sincero y me llame fea.  Lo que de verdad me preocupa es verme dudar si el cajón de las bragas es el de arriba a la izquierda o el de abajo. O cuando no me acuerdo de dónde guarda mi madre las medicinas. O de cómo se graba una película en la televisión del salón donde he pasado tantas horas. Y aún me preocupo más cuando veo que el calendario de Maitena y el de arte urbano se han quedado en la página del 17 de agosto; y pienso que por aquel entonces todavía vivía aquí y era verano y llevaba vestidos blancos y comía helados de regaliz.
Me he asustado este fin de semana porque no sé qué calle es peatonal ni por qué lado pasa el tranvía. Porque me siento como una extranjera en mi propia ciudad.
Lo que os decía, dilemas del primer mundo.

lunes, 3 de diciembre de 2012

NADAL









Supongo que es porque en la universidad no está puesta la calefacción, y porque esta mañana Nuria me ha despertado levantando la persiana antes de tiempo. Y porque ayer hablé con Celia, y antes de ayer con Leo.
Supongo que es por todo esto y porque los zapatos nuevos me hacen daño. Se me está alargando la semana que acaba de empezar, y no veo el momento de salir por la puerta de la residencia hacia la estación de buses para ir a casa. A CASA.
Supongo que es porque estas son mis primeras Navidades fuera de casa y se nota, aunque hayamos hecho lo posible por decorar la habitación e intentar hacer acogedor el espacio de 15 metros cuadrados que tenemos por dormitorio/baño. Es cierto que no ha quedado nada mal con las lucecitas blancas y los arbolitos de cartulina verde. Además me he traído el edredón de diciembre. Y duermo con la sudadera de siempre.
Pero sigue sin ser lo mismo, porque no puedo salir enganchada al brazo de mi madre para ir a ver las luces del El Corte Inglés ni las de Independencia. Ni tampoco puedo repetirle mil veces a mi padre que ya es Navidad para que me responda siempre que es sólo un invento de los grandes centros comerciales, y una llamada al consumismo y blablablabla.
Me consuela tener el calendario de adviento al lado de la ventana. Y me consuela llevar gorros de lana y saber que mamá nos regalará el pijama calentito del Primark como cada año a mi hermana y a mí, aunque ninguna de las dos empecemos la Navidad en casa.
Resumiendo, ¡feliz Navidad a todos!, especialmente a los que no tiene espíritu navideño.




domingo, 2 de diciembre de 2012

martes, 20 de noviembre de 2012


 Esta no es la experiencia que yo andaba buscando. Yo quería corazones sin espinas. 

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