lunes, 3 de diciembre de 2012

NADAL









Supongo que es porque en la universidad no está puesta la calefacción, y porque esta mañana Nuria me ha despertado levantando la persiana antes de tiempo. Y porque ayer hablé con Celia, y antes de ayer con Leo.
Supongo que es por todo esto y porque los zapatos nuevos me hacen daño. Se me está alargando la semana que acaba de empezar, y no veo el momento de salir por la puerta de la residencia hacia la estación de buses para ir a casa. A CASA.
Supongo que es porque estas son mis primeras Navidades fuera de casa y se nota, aunque hayamos hecho lo posible por decorar la habitación e intentar hacer acogedor el espacio de 15 metros cuadrados que tenemos por dormitorio/baño. Es cierto que no ha quedado nada mal con las lucecitas blancas y los arbolitos de cartulina verde. Además me he traído el edredón de diciembre. Y duermo con la sudadera de siempre.
Pero sigue sin ser lo mismo, porque no puedo salir enganchada al brazo de mi madre para ir a ver las luces del El Corte Inglés ni las de Independencia. Ni tampoco puedo repetirle mil veces a mi padre que ya es Navidad para que me responda siempre que es sólo un invento de los grandes centros comerciales, y una llamada al consumismo y blablablabla.
Me consuela tener el calendario de adviento al lado de la ventana. Y me consuela llevar gorros de lana y saber que mamá nos regalará el pijama calentito del Primark como cada año a mi hermana y a mí, aunque ninguna de las dos empecemos la Navidad en casa.
Resumiendo, ¡feliz Navidad a todos!, especialmente a los que no tiene espíritu navideño.




domingo, 2 de diciembre de 2012

martes, 20 de noviembre de 2012


 Esta no es la experiencia que yo andaba buscando. Yo quería corazones sin espinas. 

sábado, 17 de noviembre de 2012

Somos un desastre.



Érase que se era una vez, dos y tres veces un niña imantada-
Vivía en una casa de paja, sin ningún tipo de eletrodoméstico y estudiaba allí por su cuenta porque si salía a la calle, todo lo metálico acababa pegándose al imán que colgaba de su pecho
Se hartaba de que todos la miraran como si llevase un imán gigante en la cara.
Oh,oh. Era justo eso lo que ocurría.
No era justo que se rieran de ella. El vecino tenía alas y dos calles más abajo vivía Betty, la niña de las zanahorias en la cabeza.
Pero no se reían de ella por tener un imán. Aquello era lo menos importante.
Se reían de ella porque era diferente, porque se paseaba con un libro en la mano, bailaba por la calle y cantaba en el autobús.
Por eso decidió que no quería salir de casa. Al principio no le importaba lo que pensaran de ella, pero acabó afectándole mucho.
Hasta el día en que tuvo que salir a comprar manteca de cacahuete a la tienda de la esquina porque se le habían acabado las reservas de la despensa.
Al entrar, agachó la cabeza para evitar cruzarse con las miradas de los demás niños, y cuando llegó al pasilo de las mermeladas se encontró con un chico al que no había visto nunca. Estaba bailando y cantando, con unos auriculares de diadema rojos en la cabeza.
La niña imantada sonrió y él se quitó el auricular de una oreja, le tendió la mano y dijo: "Hola, soy el amante guisante!"
Y fueron felices y comieron manteca de cacahuete con galletas Oreo!
Fiiiin ^^


Colaboradores