Érase que se era una vez, dos y tres veces un niña imantada-
Vivía en una casa de paja, sin ningún tipo de eletrodoméstico y estudiaba allí por su cuenta porque si salía a la calle, todo lo metálico acababa pegándose al imán que colgaba de su pecho
Se hartaba de que todos la miraran como si llevase un imán gigante en la cara.
Oh,oh. Era justo eso lo que ocurría.
No era justo que se rieran de ella. El vecino tenía alas y dos calles más abajo vivía Betty, la niña de las zanahorias en la cabeza.
Pero no se reían de ella por tener un imán. Aquello era lo menos importante.
Se reían de ella porque era diferente, porque se paseaba con un libro en la mano, bailaba por la calle y cantaba en el autobús.
Por eso decidió que no quería salir de casa. Al principio no le importaba lo que pensaran de ella, pero acabó afectándole mucho.
Hasta el día en que tuvo que salir a comprar manteca de cacahuete a la tienda de la esquina porque se le habían acabado las reservas de la despensa.
Al entrar, agachó la cabeza para evitar cruzarse con las miradas de los demás niños, y cuando llegó al pasilo de las mermeladas se encontró con un chico al que no había visto nunca. Estaba bailando y cantando, con unos auriculares de diadema rojos en la cabeza.
La niña imantada sonrió y él se quitó el auricular de una oreja, le tendió la mano y dijo: "Hola, soy el amante guisante!"
Y fueron felices y comieron manteca de cacahuete con galletas Oreo!
Fiiiin ^^

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