sábado, 3 de noviembre de 2012


Me pasa a menudo. Y sé a que vosotros también. Empiezas a notar cómo se te hinchan los ojos y sabes de sobra que te vas a echar a llorar en cuanto te metas en la cama. Mientras que cualquier otra noche te quedarías hablando con tu madre en la habitación, hoy sólo quieres librarte de ella para poder (des)ahogarte tranquila bajo el edredón que te conoce casi mejor que ella.
 Te enfundas en la colcha de colores de Ikea sonriendo para que no se dé cuenta de que vas a reventar en cuanto apague la luz. Le das las buenas noches como cada día, con cara de que nada te preocupa y de que vas a apoyar la cabeza en la almohada. Y es verdad, la vas a apoyar, pero también la vas a mojar. Y después sabes que te dormirás  porque llorar siempre te ha dado sueño.
No quiero volver a Barcelona porque esta tarde he estado con Sara y me ha dicho que me echa de menos, porque mi madre también me lo dice, y porque Nerea no se encuentra bien y quiero pasarme la semana entera dando paseos con ella, y con Celia, y con Pablo, y con Elena, y quiero ir a comprar libros con Papá Soñador, y perderme por esta ciudad que conozco como la palma de mi mano, y comer en casa, y discutir en casa y dormir en casa y no tener que echar de menos nada salvo a los que están fuera. Pero resulta que la que está  fuera soy yo y que no hay paseos con nadie, más que con mi arrepentimiento.
Me he columpiado. Mucho.
Ya nadie baila “de lejos por ti, porque te quiero”.

miércoles, 31 de octubre de 2012


Supongo que ya está. Que las cosas acaban tan rápido como empiezan y que entre el punto de partida y la meta preferimos pensar que no hubo recorrido. Que todo lo que sudamos por el camino se escurrió por las acequias y se encharcó con todo lo demás, que fue tanto y ahora parece nada.
No me lamento. O sí. Me escurro entre el recuerdo de unos brazos alrededor de mi cintura, y muchas veces más abajo, donde calienta el ombligo y donde se acaban las vértebras.
Me veo descalza, de madrugada, en pleno Paseo Sagasta, amarrada a unos cordones, haciendo equilibrios para no caerme. Para no caernos. Me acuerdo de todo cuando querría no acordarme de nada. No quiero que me venga a la cabeza ningún fotograma de la película que dirigimos y protagonizamos con tan escasos recursos. Quiero que no se abra el telón que da comienzo al desfile de paseos, tormentas, abrazos, manos huesudas, chocolate blanco, y vestidos blancos, labios rojos, el jardín, el abrigo marrón de plumas, el pelo largo, y luego corto, los columpios, el solar que nunca fue un solar, Miguel Hernández, los gatos negros, los canelones.
Se me eriza el pelaje sólo de pensar en los besos en la frente.

jueves, 25 de octubre de 2012

Yo también esperaría al león.



- Estás pensando continuamente en ella ¿no?
- ¿Cómo lo sabes?
- Porque nunca hablas de ello.

Sabíamos que no funcionaría, 
incluso antes de conocerla.

Digamos que desde que era pequeña, siempre soñó con tener un león
Y esperas, y esperas, y esperas al león, pero no llega. 
Y al tiempo viene una jirafa. 
Puedes estar solo, o puedes estar con la jirafa
Yo esperaría al león










lunes, 15 de octubre de 2012

Little and boney.


No quiero que me impresionen. No quiero. Porque yo ya sé lo que me impresiona,  y no hay nada que vaya a sorprenderme en mucho tiempo.
No necesito que abráis tanto los ojos, ni que me encadenéis palabras, ni que dobléis tanto las rodillas.
No quiero sorpresas. No quiero canciones. Ni plata. Ni oro.  
No quiero que intentéis que quiera algo. Porque yo ya sé lo que quiero.



lunes, 8 de octubre de 2012

PERSONAS QUE ESTÁN PERO NUNCA SE QUEDAN

Una vez más, una película más. Una de mis preferidas. Personas que están pero nunca se quedan. 






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