miércoles, 7 de noviembre de 2012

Screugneugneu.


Últimamente, no sé por qué, me despierto cantando canciones de Pereza. Sí, Pereza, aquel grupo formado por dos divas de nombres canis que se dedicaban a vestir pitillosasfixiapiernas y a hacer como que eran los Simon & Garfunkel* españoles. Bueno, quizás me he pasado  un poco con la comparación.
El caso es que me hace gracia porque hace siglos – y cuando digo siglo es siglos- que no escucho una canción suya. Pero para eso sirve la memoria a largo plazo, para que se almacenen las letras de una canción viejérrima en algún recóndito lugar del cerebro y un buen día, siglos después, te levantes y veas una frase flotando en nosesabebiendónde.
Estás perdido, porque te pasarás la mañana cantando exclusivamente ese cacho de canción – el resto de la letra no se almacenó bien en su momento- pero no te darás cuenta de que estás cantando lo que estás cantando hasta que hayas salido de casa y veas que lo que murmuras no sigue la letra de la nueva canción de Mumford & Sons.
Coño. Qué alegría, que buen día, qué bueno tenerte, qué  bien estoy, quién me lo diría. Cada díaaaaaa que sale el sol salgo a verte.
O bien Si quieres bailamos, me pongo los zapatos y me llevas, y me llevas contigo, por este mundo oscuro y desconocido del compás. Olvidarnos del tiempo perdido, despertar y ver que aún estás.
O mejor aún Ya no sé qué contarte que no te haya contado ya. Ya no sé que besarte que no te haya besado ya.
Entonces me enfado, porque yo no quiero cantar estas frases que siempre hablan de lo mismo y que no se corresponden para nada con mi estado de ánimo actual.
He llegado hoy a la conclusión – perdonad el retraso; ya sé que vosotros lo sabíais ya porque sois todos muy listos- de que todas las malditas canciones del mundo hablan de amor.
Yo no quiero que me hablen de amor. Quiero que me den amor. No sé a vosotros, pero a mí no me ayuda nada que Leiva, Rubén, Bob Dylan, Andy & Lucas o qualsevol  otro rey u otra mierda de cantantucho me cuente nada sobre el amor. No quiero que escriban letras para que me sienta identificada. Ahora mismo no quiero, y es lo que menos necesito.
 Así que si mañana puedo despertarme recitando la tabla periódica, que es de todo menos amor, mejor que mejor.
Y a los demás, ya que os sobra tanto amor, venid a dármelo a mí. Pero con sinceridad.

*Tremebunda exageración. Se quedaron por debajo de la altura del betún más profundo estos 'mataos' españoles. 

2 comentarios:

  1. He leído The Doors... Afilando cuchillos me encuentro.

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    1. Lo sé, es una exageración tremebunda. De cualquier forma, sea lo que fuere lo que pretendían estos 'mataos', no lo consiguieron.
      Deja de afilar cuchillos, fue un arrebato nocturno.

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