Últimamente,
no sé por qué, me despierto cantando canciones de Pereza. Sí, Pereza, aquel
grupo formado por dos divas de nombres canis que se dedicaban a vestir pitillosasfixiapiernas
y a hacer como que eran los Simon & Garfunkel* españoles. Bueno, quizás me he pasado un poco con la comparación.
El caso es
que me hace gracia porque hace siglos – y cuando digo siglo es siglos- que no
escucho una canción suya. Pero para eso sirve la memoria a largo plazo, para
que se almacenen las letras de una canción viejérrima en algún recóndito lugar
del cerebro y un buen día, siglos después, te levantes y veas una frase flotando
en nosesabebiendónde.
Estás
perdido, porque te pasarás la mañana cantando exclusivamente ese cacho de
canción – el resto de la letra no se almacenó bien en su momento- pero no te
darás cuenta de que estás cantando lo que estás cantando hasta que hayas salido
de casa y veas que lo que murmuras no sigue la letra de la nueva canción de
Mumford & Sons.
Coño. Qué alegría, que buen día, qué bueno tenerte,
qué bien estoy, quién me lo diría. Cada
díaaaaaa que sale el sol salgo a verte.
O bien Si quieres bailamos, me pongo los zapatos y
me llevas, y me llevas contigo, por este mundo oscuro y desconocido del compás.
Olvidarnos del tiempo perdido, despertar y ver que aún estás.
O mejor aún Ya no sé qué contarte que no te haya contado
ya. Ya no sé que besarte que no te haya besado ya.
Entonces me
enfado, porque yo no quiero cantar estas frases que siempre hablan de lo mismo
y que no se corresponden para nada con mi estado de ánimo actual.
He llegado
hoy a la conclusión – perdonad el retraso; ya sé que vosotros lo sabíais ya
porque sois todos muy listos- de que todas las malditas canciones del mundo
hablan de amor.
Yo no quiero
que me hablen de amor. Quiero que me den amor. No sé a vosotros, pero a mí no
me ayuda nada que Leiva, Rubén, Bob Dylan, Andy & Lucas o qualsevol otro rey u otra mierda de cantantucho me
cuente nada sobre el amor. No quiero que escriban letras para que me sienta
identificada. Ahora mismo no quiero, y es lo que menos necesito.
Así que si mañana puedo despertarme recitando
la tabla periódica, que es de todo menos amor, mejor que mejor.
Y a los
demás, ya que os sobra tanto amor, venid a dármelo a mí. Pero con sinceridad.
*Tremebunda exageración. Se quedaron por debajo de la altura del betún más profundo estos 'mataos' españoles.
*Tremebunda exageración. Se quedaron por debajo de la altura del betún más profundo estos 'mataos' españoles.
He leído The Doors... Afilando cuchillos me encuentro.
ResponderEliminarLo sé, es una exageración tremebunda. De cualquier forma, sea lo que fuere lo que pretendían estos 'mataos', no lo consiguieron.
EliminarDeja de afilar cuchillos, fue un arrebato nocturno.