sábado, 3 de noviembre de 2012


Me pasa a menudo. Y sé a que vosotros también. Empiezas a notar cómo se te hinchan los ojos y sabes de sobra que te vas a echar a llorar en cuanto te metas en la cama. Mientras que cualquier otra noche te quedarías hablando con tu madre en la habitación, hoy sólo quieres librarte de ella para poder (des)ahogarte tranquila bajo el edredón que te conoce casi mejor que ella.
 Te enfundas en la colcha de colores de Ikea sonriendo para que no se dé cuenta de que vas a reventar en cuanto apague la luz. Le das las buenas noches como cada día, con cara de que nada te preocupa y de que vas a apoyar la cabeza en la almohada. Y es verdad, la vas a apoyar, pero también la vas a mojar. Y después sabes que te dormirás  porque llorar siempre te ha dado sueño.
No quiero volver a Barcelona porque esta tarde he estado con Sara y me ha dicho que me echa de menos, porque mi madre también me lo dice, y porque Nerea no se encuentra bien y quiero pasarme la semana entera dando paseos con ella, y con Celia, y con Pablo, y con Elena, y quiero ir a comprar libros con Papá Soñador, y perderme por esta ciudad que conozco como la palma de mi mano, y comer en casa, y discutir en casa y dormir en casa y no tener que echar de menos nada salvo a los que están fuera. Pero resulta que la que está  fuera soy yo y que no hay paseos con nadie, más que con mi arrepentimiento.
Me he columpiado. Mucho.
Ya nadie baila “de lejos por ti, porque te quiero”.

2 comentarios:

  1. Desgarrador lo que cuentas. Te dejo esta cita de un libro que te recomiendo que leas, se llama "La Tregua" y es de Mario Benedetti, y creo que te encantará.

    "Cuando alguien se siente brillantemente desgraciado, entonces sí vale la pena llorar con acompañamiento de temblores, convulsiones, y, sobre todo, con público. Pero, cuando además de desgraciado, uno se siente opaco, cuando no queda sitio para la rebeldía, el sacrificio o la heroicidad, entonces hay que llorar sin ruido, porque nadie puede ayudar y porque uno tiene conciencia de que eso pasa y al final se retoma el equilibrio, la normalidad"

    ResponderEliminar
  2. No sabes lo oportuno que has sido poniendo justo esta cita. Además de que siempre me alegra saber que alguien lee mi blog y que no escribo para las paredes, da la casualidad de que estoy estudiando el Mio Cid y me acaban de explicar la diferencia entre llorar con convusiones y llorar con sólo lágrimas.
    Muchas gracias!

    ResponderEliminar

Paseos compartidos.

Colaboradores