viernes, 20 de enero de 2012

Báñame en tus ojos, que se joda la Luna que quiera mecerte a su antojo.

Un escalofrío y la piel de gallina. Eso es lo que me ocurre al hablar con el chico de los ojos de Mar. Hacía tiempo que no me sucedía aquello de sentir que me están acariciando el pelo sin que me toquen. Basta cruzar unas palabras con las Olas y ver cómo ondulan en las comisuras de sus besos para que se me erice el cuerpo entero y note cómo me baña en la espuma de sus pupilas dilatadas. No lo aguanto, las Mareas son cada vez más caprichosas y veo cómo se aleja el azul de la Arena dorada que tanto lo necesita para dormir. Me da miedo la Luna y sola no puedo hacer frente a su mórbida blancura. Me duele mirarla a los ojos y saber que con sus pechos de plata nos apunta a los dos, esperando que te agites a su antojo y retires tu cuerpo mojado del mío, húmedo. Me aterra, pero lo compensa ese escalofrío, esa sensación de que algo dentro de mi oído se remueve y de que mi corona brilla más mientras allí abajo, al calor de las cenizas, arden mis pies, esperando que los toques con los tuyos. 

Yo iré descalza y tú desnudo.


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