sábado, 30 de junio de 2012

San Diego, CA (II)


    
Viernes, 20 de junio de 2012 (II)
 Es cierto eso que dicen de Nueva York. Hay de todo, es un como una mezcla de especias de colores. Estoy sentada en la sala de espera de embarques del JFK y nunca me había sentido tan integrada dentro de una miscelánea (perdonadme esta palabra un tanto pedante) así. Soy española y se ve a la legua porque soy medio gitanica (como dice Manch y mi familia) y tengo la piel y los ojos muy oscuros. Pero nadie me mira por ser de otro país, y de otro continente incluso, porque aquí la mayoría son de países ajenos a los Estados Unidos. De hecho no sabría deciros si ahora mismo hay alguno americano cerca. Lo que sí que hay es una familia oriental que habla en un americano con mucho acento; otra mujer latina que viaja a Miami con una nenita colgada del cuello; una mujer con el pelo canoso de aspecto bohemio que lee una novela en frente mío; una niña casi albina; un tailandés, un grupo de yayas; ejecutivos; grupos de españoles ruidosos. Hay incluso un gorrión y dos palomas dentro del aeropuerto revoloteando en esta sala.  En fin, es curioso porque las típicas imágenes de las películas de Nueva York que enfocan una de esas calles petadas de gente no están trucadas y ahora estoy segura de ello, de que esas personas de todos los colores, tamaños, formas y orígenes existen en  la ciudad que nunca duerme. No sé, quizás es que llevo más de 15 horas de viaje y empiezo a ver y a escribir cosas incoherentes.
Perdonadme, pero estoy agotada. 


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