domingo, 13 de mayo de 2012
Es verdad. Te quiero a ratos.
Es verdad. Te quiero a ratos. A ratos muy cortos. Pero eso no significa que te quiera menos. No confundas cantidad con intensidad. Te quiero los sábados por la noche. Porque vienes a buscarme a donde sea sólo con quedarme callada. Sabes leerme. Y por eso te quiero. Siempre con la misma intensidad, pero nunca con constancia. Cada vez duran menos esos momentos. Pero no te quiero nunca menos. Supongo que te has cansado de quererme a deshora y de que yo te quiera a destiempo. Ayer no viniste a buscarme . Y luego empezó el aire que precede a una tormenta y se me congelaron los huesos porque caminaba sin ti de noche un sábado, y tú eres ese aire de tormenta que tanto me gustaba cuando éramos uno. Porque fuimos uno, aunque te cueste aceptarlo. Y no es lo mismo ser uno que uno por cada lado, como ahora. Voy a tener que aliarme con la Luna si quiero compañía, pero ni siquiera ella se atreve a acurrucarme en su blancura rota después de lo que hicimos. Aunque sería más justo decir de lo que hice. Así que me tendré que acostumbrar a dejar de tenerle miedo a las tormentas porque no podré pedirle a tus brazos que me den refugio y tendré que construir mi propio barco de papel. Y de cáscara de nuez. Otra vez.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Eres grande, Clara
ResponderEliminarGracias, no me esperaba que comentaras tú!
ResponderEliminar