Bueno, el caso es que estábamos mi cabeza, mi cuerpo redondeado y yo el otro día en un cacharro que se hacía llamar autobús (digo que 'se hacía llamar' porque realmente era más estrecho que los autobuses corrientes. Aunque puede ser que la que esté más ancha sea yo...). Estábamos mis extremidades y yo pegadas a un asiento de terciopelo con la cara cosida a una ventana con vistas a los campos castellanos, y en un momento dado se me ocurrió girar la cabeza. [Para entender esto habéis de saber que era un viaje de estudios con unas 60 personas gritando, riendo, roncando, vomitando y ya llevábamos unas 4 horas de las 7 que sumaban en total; así que os podéis imaginar lo divertida que estaba yo, que me gusta viajar en silencio.] Resumiendo. En medio de dicho caos estudiantil en el que yo intentaba no participar, me dio por despegar el cogote del respaldo y me atreví a mirar lo que se cocía en el autocar. En lugar de amargarme como había hecho las veces anteriores viendo el panorama que me esperaba, sólo me fijé en lo que tenía cerca. Resultó que tres de los bichos que más quiero en el mundomundial habían caído rendidos y dormían profundamente a mi alrededor. No les digo jamás una sola palabra cariñosa ni ellos me las dicen a mí, pero en aquél momento les habría dicho cualquier cosa.
Qué ternura sentí al ver que bicho#1, que cunde más que cualquiera de los otros dos, se había quedado dormido como un tronco encima de mis pechos. Sé que puede sonar mal, pero se acopló a mi cuerpo como nunca antes lo había hecho y respiraba a la vez que yo.
Qué ternura sentí al notar la cabeza de ajo de bicho#2 justo delante mío, con el asiento reclinado. Él, a quien una vez quise tanto y tan mal y quien ahora es incapaz de fijarme la vista y hablarme sin que le tiemble la voz.
Y, por último, qué ternura sentí al reparar en la postura fetal de bicho#3, que en esa posición me recordó al niño que es, aunque se empeñe en demostrarse a sí mismo lo maduro que es en ciertas ocasiones.
No sé por qué escribo esto, parezco la típica niña tonta, pero es que soy una niña tonta todavía y a veces vomito estas cosas. Aunque me arrepiento al instante, como me estoy arrepintiendo ya. De cualquier manera, este blog lo leen dos gatos y este texto probablemente sólo pueda entenderlo otro bichito de ojos saltones que mientras yo pensaba estas cosas en aquél autocar, jugaba al 'veo veo' y se reía más a gusto que un arbusto.
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| Bicho#2 y Clara |
En fin, prometo no volver a publicar este tipo de pastelosidades pastelosas. Pero bueno, hoy es martes, llueve, estoy sola en casa y he comido muchos helados.
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El bichito de ojos saltones salta y se alegra y se enternece también al leer estas cosas. Si es que en el fondo todos somos unos niños y unos bichos. Y no se lo digas a nadie, pero yo también me los comía cuando duermen.
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