viernes, 13 de abril de 2012

     Tengo ganas de no tener ganas de nada. Y tengo ganas de no tener ganas de nada porque llevo ya unos días teniendo muchas ganas y no consigo saber de qué. No hay nada que me frustre más que eso, saber que quiero algo y no tener ni idea de qué. No logro descifrar las pistas que me da mi desgastada cabecita. No sé si es piel lo que necesito, y no sé que piel necesitaría. No sé si son unas manos que se entrelacen con las mías. No sé si quiero dos edredones o me conformo con la manta. No entiendo. No sé que quieres, Clara. ¿De qué narices (o nariz) tienes ganas? ¿Qué infusión necesitas? Deja de tener ganas de todo y de nada a la vez y deja de tener miedo a saber qué es lo que te apetece en estos momentos. Eso es lo único que te pasa, que tienes miedo de tener ganas y de equivocarte y de arrepentirte al instante. Qué fácil es decirte a ti misma 'déjate llevar, improvisa, no pienses'. Y qué difícil es después enmendar los errores que cometes por no pensar, o a veces por pensar demasiado. No existe término medio. Y yo no sé qué extremo elegir. No sé si tengo ganas de mucho o de poco. No sé ni de qué color. Lo único que sé es que ya está bien, ya basta de querer siempre algo y de calentarme la cabeza a mí  misma y a los demás. Ya. Se acabó de tener ganas. Y de marear al mundo y poner todo del verrés y volverlo a montar del derecho. Clara, sacúdete el pelo y confórmate con lo que hay en el plato por una vez.

No sé si el mundo está al verrés o soy yo la que está cabeza abajo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Paseos compartidos.

Colaboradores