domingo, 27 de noviembre de 2011

     Hacía tiempo que quería hablar del llanto de mi hermana. En realidad, del momento previo a su llanto. Es un fenómeno extraño. Sé cuándo mi hermana va a romper a llorar porque unos segundos antes en su cara se dibuja una sonrisa infinitamente grande, eterna, un gesto infantil casi. Entonces, cuando parece que esa sonrisa va a instalarse en su simétrico rostro de por vida, algo se quiebra y se desata la tempestad que nadie esperaba. 
Es algo parecido a lo que ocurre con las gomas elásticas con las que se atan los manojos de puerros. Esas gomas parecen no acabar nunca de estirarse, hasta que terminan por romperse y liberan toda la tensión que han acumulado echando a volar y descargando un inesperado latigazo.
Con mi hermana pasa lo mismo, sólo que ella avisa con esa sonrisa enternecedora que segundos después se deshace en lágrimas. 


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