Nunca me había interesado el arte. Y ahora resulta que me preocupan las pecas de Venus.
Sus pecas, y sus voluminosos muslos, y sus caderas ocultas tras la piel mullida. No hay hueso, ni hay definición, no hay fibra. No hay trampa ni cartón, ni silicona. Y es de una belleza inefable.
Me odio a mí misma por odiarme a mí misma, y por tener complejo con un cuerpo que antaño hubiera sido el cánon. Incluso me habrían faltado unos kilos para alcanzarlo.
Por suerte siempre quedarán las pecas de Venus para sentirme a gusto en mi propia concha.
No sé lo que soy en estos momentos, así que no hagáis caso de lo que no digo.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Paseos compartidos.