miércoles, 29 de febrero de 2012


          Nunca me había interesado el arte. Y ahora resulta que me preocupan las pecas de Venus.
Sus pecas, y sus voluminosos muslos, y sus caderas ocultas tras la piel mullida. No hay hueso, ni hay definición, no hay fibra. No hay trampa ni cartón, ni silicona. Y es de una belleza inefable.
Me odio a mí misma por odiarme a mí misma, y por tener complejo con un cuerpo que antaño hubiera sido el cánon. Incluso me habrían faltado unos kilos para alcanzarlo. 
Por suerte siempre quedarán las pecas de Venus para sentirme a gusto en mi propia concha. 


No sé lo que soy en estos momentos, así que no hagáis caso de lo que no digo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Paseos compartidos.

Colaboradores